Momentos de espera.

Empiezan a ser algo común después del día de las elecciónes donde, durante un periodo de tiempo más o menos largo, los ciudadanos no saben quién ha ganado. Al saberse los resultados, todos los cabezas de cartel salen a la palestra a reivindicar su victoria, todos, y acto seguido comienzan las arduas negociaciones que en un par de meses (si todo va bien), decidirán quién ha ganado realmente las elecciones.
Cuando estas cosas pasan en España, algunos se rasgan las vestiduras porque piensan que es el principio del fin de la unidad de los españoles. ¡Es el acabose! ¿Cómo será posible tener un gobierno lo suficientemente fuerte para dirigir nuestro destinos si ahora tienen que hacer la pelota a éstos o a los otros?
Para muestra un botón, o varios.
Los belgas llevan meses manifestándose porque después de las elecciones (repito, meses atrás) todavía no tienen gobierno y no parece que lo vayan a tener en un futuro cercano precisamente porque el voto estaba tan dividido que los partídos políticos vencedores no se ponen de acuerdo..
Otro ejemplo muy significativo: Alemania. En Alemania gobierna la señora Ángela Merkel pero gracias a una coalición con sus archienemigos de toda la vida; los socialdemócratas.
Imagínense que eso pasa en España. Imposible, hoy por hoy no puede suceder. Piensen por un momento que Zapatero y Rajoy tienen que llegar a acuerdos para sacar adelante el país. Lo de Aguirre y Gallardón sería un chiste en comparación.
Las primarias se han celebrado en USA y 24 horas después todavía no tenermos idea de quién ha ganado y por cuánto. Y eso que tienen unos supermaquinolos que hacen los recuentos en un pispás. Recuerden que en las anteriores elecciones Bush ganó por los pelos y no sin la sobra del pucherazo.
¿Alguien, a todo esto, ha pensado en algún momento que Bélgica, Alemania o EEUU se desmembrenan o que acabarán reducidos a cenizas porque sus ciudadanos no se ponen de acuerdo? No.
Aceptémoslo, en España nos puede el drama. Se habla de las dos Españas pero hay dos USA, dos Alemanias-o cuatro-, dos Francias, dos Japones…. Que no cunda el pánico porque no somos los únicos. Es un drama totalmente infundado e inflado por los que sacan, directa o indirectamente, provecho de situaciones indefinidas y de miedos ancestrales.
Si España está “dividida” es porque, gracias a los espíritus, la gente tiene distintas formas de pensar. Si España está “dividida” es porque ya no funciona lo de encontrar al líder absoluto. Si España está dividida es porque para gustos, los colores. Por fin parecemos una democracia, y en vez de estar orgullosos de ello nos echamos las manos a la cabeza porque … no sé porqué.
Si bien es muy difícil sacar nuevas leyes adelante cuando hay que negociar con muchos interlocutores (como pasa en gobiernos de complejas coaliciones), también es verdad que para poder sacar una ley, por insignificante que sea, es necesario hablar, convencer, es decir, practicar la democracia y eso, en mi opinión, es saludable y preferible a las mayorías absolutas que sólo llevan al borreguismo y terminan por pudrirse.
Mi padre opinaba que era necesara una mayoría absoluta para poder hacer las cosas bien y ponía como ejemplo a nuestra familia. “Mirad”, decía, “si todo el mundo en nuestra familia pudiera opinar, nunca sacaríamos nada adelante porque nos pasaríamos el tiempo discutiendo”. Lo que mi padre odiaba era que alguien que no fuese él pudiera tener razón o, peor aun, que alguien como mi hermano (de unos diez años por aquel entonces) puediera hacerle sombra.
En unas semanas nos toca votar. Votemos en conciencia y no nos dejemos llevar por alarmismos, que ni España se desmembrena ni es el acabose.

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