Llorona
Pues sí, soy una llorona. Ya iba siendo hora de aceptarlo. No sé si es bueno o malo pero ahí está.
En cuanto algo fuera de lo común sucede, lo primero que asoma son esas lagrimitas imposibles de evitar. Lo que me ha tenido confundida durante mucho tiempo es que nunca consideré esas lagrimitas como lloro así que teóricamente sólo lloraba en situaciones límite. Ahora me doy cuenta de que me engañaba a mí misma y, lo que es peor, intentaba cambiarlo.
Dudo mucho que mis “llantos” sean reflejo de una mayor sensibilidad ante la vida. En principio sufro más o menos como todo el mundo aunque a mí se me nota, y mucho. Esa es una de las mayores pegas: se me ve venir.
Llorones hay muchos (más de los que yo pensaba) pero la mayoría lo ocultan. Yo lo entiendo porque una de las cosas que está peor vista en este mundo es que seas una llorona. Para los chicos es sin duda mucho peor porque desde niños tienen que cumplir con esa imagen de macho “machacoaquiensemepongapordelante” que no ayuda en nada a expresar sentimientos por muy genuinos que sean. Al final llorar se convierte en una acción privada porque el lloro provoca situaciones muy incómodas alrededor.
La gente no sabe cómo reaccionar. Primero piensan que algo malo te pasa, luego cuando se dan cuenta de la causa intentan darle explicación (demasiado racional en la mayoría de los casos) y, cuando parece que ya no lloras, actúan como si nada hubiera pasado.
Lo más difícil es explicar porqué lloras justo cuando estás en pleno jamacuco porque a parte de lo que te pasa por dentro, tienes que luchar contra el hipo o la voz entrecortada, porque cuando una llora las palabras no salen y eso no hay manera de hacérselo comprender a nadie.
¡Qué le vamos a hacer!
Normalmente mis lloros no son consecuencia de situaciones tristes (a no ser que esté viendo un dramón) sino que son reacciones espontaneas a situaciones inesperadas. Por eso creo que no tienen importancia, sólo hay que esperar a que pase.
Cosas que me hacen llorar:
- Los finales felices.
- Los finales tristes.
- Las grandes aglomeraciones. Lloré la primera vez que fui a ver un partido de fútbol y vi a tanta gente junta.
- Las malas noticias.
- Las buenas noticias.
- Cuando me enfado lloro.
- Los grandes cambios (mudanzas sobre todo).
- Cuando descubro nuevos aspectos de mi personalidad o de la personalidad de alguien a quien aprecio.
- Los chistes buenos. Cuando me río de veras lloro tanto que la gente no sabe muy bien cómo tomárselo.
- Despedirme del trabajo aunque lo esté deseando.
- Mirar el fuego.
- El estrés.
- Escuchar la voz de alguien que hace mucho que no veo.
- Las bodas de verdad (no los bodorrios).
- El frío.
- Cuando sé algo que los demás no saben.
- Cuando veo a alguien sufrir. Conmigo funciona el refrán “ojos que no ven, corazón que no siente”.
- Las comidas picantes.
- El cansancio.
- Los aeropuertos.
- Cuando consigo comprender algo muy complicado.
- La frustración.
- La alegría.
- Las flores que me regala mi novio.
- Los primeros olores de la primavera.
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