Lo que dejamos por el camino.
A mí me inculcaron desde pequeñita que tenía que buscar amistades allá donde estuviera porque tener amigos era algo muy bueno. Recuerdo aquella famosa frase que mis padres no paraban de repetir: “hay que tener amigos hasta debajo de las piedras”. Yo, que siempre fui muy obediente, me esmeraba por tener una pandilla de amigos o, mejor aún, ser parte de la pandilla de los “guays” y, la verdad, nunca tuve queja.
A todo esto siempre me chocó que mis padres, a parte de algún vecino o algún compañero de trabajo, no parecieran tener una larga lista de amigos con los que compartir los fines de semana. Un día que amanecí preguntona le inquirí a mi madre;
-¿Por qué no tenéis muchos amigos?, pregunté.
-¡Vaya pregunta hija! Ya descubrirás con el tiempo la cantidad de amigos que se van dejando por el camino.
Hoy entiendo perfectamente aquella afirmación.
Creo que a lo largo de mi vida –que no es muy larga, por cierto- he tenido decenas de amigos pero si ahora echo las cuentas, puedo contar a mis amigos “actuales” con los dedos de una mano.
Estando en el colegio tenía multitud de amigas que se disiparon como la niebla en el momento que pasé a la secundaria. De los amigos que hice en las academias de inglés o de música mejor ni hablar porque difícilmente recuerdo algún nombre.
El instituto fue, quizá, donde pude intimar con más gente pero todo quedó reducido a la “casinada” (poque aun tengo una amiga de aquella época) en el momento que comenzó la dictadura de las hormonas. Que si este chico es mío, que si a mí me gusta más, que si esta es una pelandrusca, que si mi superamiga me ha quitado el novio… En fin, toda una época de intensivas experiencias pero de catastróficos resultados en lo que amigos se refiere.
La universidad, sin embargo, dejó más huella a largo plazo porque en ese tiempo conocí a personas muy interesantes que cuidé y guardé todo lo que pude hasta el día de hoy. No son muchos los amigos de mi etapa universitaria pero sí son amigos que creo que tendré siempre.
A éstos hay que añadir los escasísimos amigos que he mantenido a través de los años gracias a los trabajos (porque he pululado mucho) que he tendio. De hecho, son las amistades que ahora mismo mantengo aunque tengo que decir que lo que hoy considero amistad está muy lejos del concepto que tenía cuando era niña.
Mis amigos siempre estarán ahí para ayudarme, igual que yo siempre estaré para ellos aunque ya no pienso que tengo que compartir el 95% de mi tiempo libre con ellos. Quizá sea porque tenemos vidas diferentes, quizá porque la diversión no es la única razón…quién sabe.
Está claro que los amigos los encuentro, no los busco. Tengo comprobado que cuantos más amigos quieres, menos tienes. Creo que todos tenemos un montón de conocidos con los que pasamos algún rato que otro pero amigos, muy pocos.
Lástima que tantos se hayan quedado por el camino.