Gordos.
Me encuentro en estos momentos frente a una persona que come con tal ansiedad que incluso resulta incómodo para los que la rodean. Dicha persona ni siquiera se percata, porque está tan concentrada en comer lo que tiene delante que nada la haría enfocar a otra parte a no ser que tuviera que ir a rellenar el plato.
El sobrepeso de dicha persona muestra a todas luces que la batalla está perdida y que nada puede remediar la glotonería que parece ternela presa.
Hace unos días oí como una joven murió en la mesa de operaciónes durante una reducción de estómago. ¿No sería mejor cambiar los hábitos alimenticios antes de llegar a estos extremos? Teóricamente sí, aunque parece que comer y comer no resulta un problema al principio y para cuando la persona con sobrepeso realmente reacciona ya es demasiado tarde. Cuando ninguna dieta funciona, la salud se resiente y salir de casa requiere un esfuerzo olímpico lo único que queda es la intervención quirúrjica, con los riesgos que conlleva.
Un tema que nadie parece tocar, o al menos públicamente, es el estado anímico general de personas que sufren un evidente sobrepeso. Siempre se dice aquello de que los gordos son personas más felices y que los delgados son más nerviosos y menos felices. Sinceramente creo que no. De hecho pienso que los gordos no se gustan demasiado asi mismos y se refugian en la comida pretendiendo que no pasa nada.
En principio, no hay ningún problema en tener unos kilos de más. Lo que ya no es normal es no tener la movilidad necesaria para atarse los cordones de los zapatos. ¿Se han percatado que las personas muy gordas no usan zapatos con cordones? “Obesidad mórbida” es un concepto cada vez más común y la sufre cada vez más gente. ¿Por qué?
A todo esto, la persona glotona de enfrente sigue comiendo sin darse cuenta de que llevo unos segundos mirándola fijamente (sintiéndome fatal por ello) y, desgraciadamente, no soy la única.