Catequistas.
Debe ser muy difícil ser catequista en estos días. Supongo que siempre lo fue aunque ahora me pregunto cómo estos pobres creyentes consiguen inculcar los mandatos de la Iglesia Católica sin que se les note lo difícil que es creerse todo lo que la jerarquía manda creer.
Debe ser muy difícil hacer entender a unos jóvenes adolescentes (con la líbido por las nubes) que practicar sexo está pero que muy mal y que pueden arder en el infierno si no se controlan. Eso sí, si por cualquier casual (Dios no lo quiera) alguna se queda embarazada que no se preocupe que Dios es amor y con que se sienta culpable por el resto de su vida vale.
Debe ser muy difícil predicar e inculcar la modestia, la generosidad y la humildad cuando en casi todas las fotos del Santo Padre asoman debajo de los ropajes unos preciosísimos zapatos de cuero rojo de Prada que cuestan lo que muchos no ganan ni en un mes de trabajo .
Se bebe vino en la misa (poquíííííííííísimo según nos dijo el cura hace más de quince años), hay una marca de cerveza que suministra al Vaticano (recordemos que el Papa es bávaro), hay vinos incluso, que llevan el sello papal, los sacerdotes que llevan más de tres años en el oficio sufren sobrepeso y los pobres catequístas erre que erre con lo de la gula y lo de consumir drogas. ¿Cuántos cafés beberá el Santo Padre cada día?
“Cumplir con el ejemplo” es una lección que se les olvida enseñar a los catequistas, porque la iglesia con sus continuas contradicciones se lo pone muy difícil.
Con el Catecismo en una mano y el Nuevo Testamento en la otra, me imagino qué es lo que piensan los catecistas cuando tienen que preparar la charla del día siguiente: ‘mañana seguro que me preguntan por los nuevos pecados así que no queda otra que preparar algo sobre el medio ambiente y las ballenas porque lo de la riqueza, con el hijo del banquero no lo puedo tocar y lo de las drogas después de la fiesta del otro día…’
En fín, una profesión muy dura la de ser catequista y, por lo visto, muy mal pagada.