Agua, agua, ¡agua!
Todos miramos al cielo y pedimos fervientemente que las nubes se queden y empiece a llover. Al menos eso es lo que parece.Pero sólo lo parece, porque en cuanto empieza a llover y llueve durante más de dos horas, nos quejamos porque echamos de menos el sol, porque salir por ahí se hace más incómodo y porque ¿a quíen le gusta mojarse? Mi pregunta es ¿quermos agua o no? Hace un montón de años, un pequeño personajillo con delirios de grandeza se dedicó a mandar construir reservas de agua: los famosos pantanos. Independientemente de quién los mandó construir hay que reconocer que hasta ahora, nos han ayudado a sobrellevar las sequías que cada pocos años nos estrangulan hasta casi hacernos morder el polvo.Parece que ahora los trasvases son la solución y además la exusa para comenzar lo que los periodistas han dado en llamar “la guerra del agua”. Para mí, el concepto de “guerra del agua” es un poco absurdo, si tenemos en cuenta que todo el mundo tiene agua, aunque unos más que otros.Murcia clama por el trasvase pero no parece clamar por todos los campos de golf que menudean por la región. Y no sólo en Murcia; parece que todas las zonas con escasez de agua cuentan con una oferta infinita de este tipo de entretenimiento de lujo.Después de construir sin control, acabar con los ecosistemas naturales de las zonas costeras (que por cierto fueron los que atrajeron a los primeros turistas y no esas horrendas torres de hormigón) y cubrir de plásticos lo que quedaba, nos asombramos de que cuando llueve, lo hace de forma torrencial y se lleva todo por delante. ¿Todo?, ¡pero si no hay nada en el camino del agua, sólo casas construidas en lugarles inapropiados!No parece que tengamos conciencia del problema. En general, pensamos que todo se arregla porque llueva de vez en cuando y lo único que hacemos es hacer el problema cada vez más agudo.Desertizamos día a día un país que ya está tocado, desperdiciamos el poco agua que nos queda en campos de golf, piscinas y urbanizaciones y parece que la tecnología del reciclaje (de agua) no nos llama demasiado la atención.Si a todo esto añadimos el calentamiento global que sufre todo hijo de vecino, ¡voila!: comemos polvo y trabajamos en un futuro tan vacío como el desierto. El agua, como el aire, son imprescindibles para la vida y los parches no solucionan un problema con el que tenemos que vivir de todas formas.Hay que vivir con lo que se tiene y mejorarlo, si es posible, son empeorar la situación de los demás.
