Noticias inquietantes.
Hace unos días leí en el periódico “El país” un peqeño artículo que daba cuenta de ciertos problemas que los balleneros japoneses tuvieron para cazar a estos enormes cetáceos. En definitiva, no han logrado la cuota prevista y acusan a los ecologístas del “fracaso” de la campaña.
El susodicho artículo se titulaba “Japón caza 350 ballenas menos por el acoso de los ecologistas”. Gran noticia pensé y sin embargo algo me decía que quizá no era una buena noticia.
Hay noticias que me dejan indiferente, otras me calientan la sangre a unos niveles que tengo problemas para terminar de leerlas (no digamos cuando lanzo insultos a la televisión a la hora de las noticias) y otras sin embargo, me provocan confusión.
Cuando me enfrento a una noticia, no sólo busco la información propiamente dicha, también intento relacionarla con la realidad que me rodea o, al menos, le busco un sentido. El título de este artículo me confundió desde un principio porque no supe, y aun no sé, buscarle un sentido.
Vayamos por partes:
Información—-Pennsamiento asociado
Japón caza—–¡Qué horror!
350 ballenas—-¿Pero quedan tantas? Yo pensaba que estaban en peligro de extinción.
350 ballenas menos—-Ah! Si es que me lanzo a pensar horripilanteces antes de tiempo.
Por el acoso de los ecologistas—-Olé. Parece que empiezan a dar caña.
Ecologistas—–¿Qué ecologistas? Seguramente todos los disponibles.
Para que yo me entere: resulta que los japoneses cazan ballenas pero unos ecologístas anónimos no les han dejado hacerlo.
No se ustedes, pero yo no termino de creerme esta afirmación.
La que parece haber difundido esta información es la “Agencia Japonesa de Prensa” y yo me pregunto: ¿porqué quieren hacernos partícipes de un fracaso sobre un tema que consideran de interés nacional? ¡Ya lo tengo! Porque en el fondo son muy buenos y los malos son esas organizaciones ecologistas que les impiden llevar a cabo sus proyectos de investigación que, por supuesto, acaban en los puestos de venta de pescado de las clases privilegiadas que pueden pagar muuuuchos yenes por comer una delicatessen.
Parece ser que esos “ecologistas estadounidenses” (según precisa el artículo) atacaron a los balleneros abordándo uno de ellos directamente o lanzando bombas fétidas a otro que causaron incluso alguna lesión lo que obligó a parar la pesca durante un mes ¡un mes una flotilla parada por dos barcos! A eso sí que se le puede llamar compañerismo.
A mí me da que no han encontrado las 900 ballenas que tenían permitido cazar y se tienen que conformar con las 551 que han conseguido pescar para sus “labores de investigación”.
Yo no sé que investigan estos japonese con tanta ballena y no sé tampoco de qué se quejan, porque material no les va a faltar. Me pregunto cómo serán de grandes los laboratorios donde pretenden se realicen la investigaciones.
Desde que leí el artículo de las ballenas me han venido a la mente un montón de preguntas:
¿para investigar es necesario cazar a una ballena con su bebé? ¿Consideran necesario cazar ballenas hasta que no quede ninguna? ¿Habrán decidido parar de cazar por miedo a exterminarlas definitivamente? ¿Necesita un japonés comer ballena para sobrevivir?
Quizá deba sentirme contenta por las ballenas que no han logrado pescar o triste por las que han pescado o felíz por ver cómo esos ecologistas (quienes quiera que sean) consiguen su propósito o triste por el pobre gobierno japonés; no sé…