Un maravilloso shock cultural en Alemania.
Halle/Saale, Alemania, 20:00 horas. Tras una pantagruélica barbacoa primaveral, unos cuantos cuerpos se apretujan en el sofá del salón para ver un rato la tele y así tener tiempo de digerir los quilos de salchichas que, sin compasión, les han servido durante las cinco horas anteriores.
Nada de nada en la tele, como siempre, pero espera… ¡anda, Plácido Domingo! ¡Corre! ¡Plácido Domingo en la tele y parece que está cantando Zarzuela!
En principio no hay nada de extraño que Plácido Domingo cante Zarzuela pero es que los que me gritaban desde el sofá no han estado en su vida en España, bueno sí, en Palma de Mallorca un verano.
Pero ¿vosotros conocéis la Zarzuela? Pues claro, contestó uno, ¿no es la opereta española? Yo no supe qué decir.
Pasados unos minutos, no podía creer lo que estaban viendo mis ojos. Todo el mundo (siete personas) miraba con expectación la pantalla y alababan lo bien que canta este hombre y lo española que parecía la morena que cantaba con él (Ana María Martínez).
El concierto, que tuvo lugar a finales del verano pasado, era retransmitido desde la ciudad de Wiesbalen (capital de la provincia de Hessen) y Placido Domingo tenía como acompañamiento a la Orquesta Filarmónica de Baden-Baden. Para tal acontecimiento habilitaron una enorme explanada en uno de los jardines históricos de la ciudad o en una clase de castillo (no sé con certeza) y la gente acudió en masa.
Era obvio que hacía un frío de mil demonios pero ni un alma se movía entre el público. Al final del concierto la gente empezó a lanzar ramos de flores a los cantantes, con tal profusión que empezaron a ponerlos en el suelo porque ya ni Plácido, ni Ana María, ni el primer violín, ni la primera viola, podían con tanto.
Entonces llegaron los bises y al llegar a “Granadaaaa, tierra soñada por miiiiii….” no pude evitar un “Olé”, y como digo, todos mis compañeros de barbacoa encantados y disfrutando de lo lindo.
¡Seis bises! (aproximadamente otra media hora de concierto), uno tras otro y con el público en pie y yo pensando para mis adentros: Está claro que nadie es profeta en su tierra.