Fiestas paganas (I).
Este fin de semana –incluido hoy lunes-se celebra en Alemania una fiesta de lo más tradicional: Pfinsten (que a mi me cuesta mucho pronunciar). Si bien es una fiesta religiosa lo que se hace no creo que tenga nada que ver con la religión.
El sábado por la mañana estábamos poniendo a punto nuestras bicis cuando un grupo de chavales (unos 10) aparecieron al final de la calle corriendo y llamando de puerta en puerta. Inmediatamente, mi chico, de un empujón me metió en casa diciendo:
-Más vale que te metas dentro si no quieres que te arreen.
-¿Que me arreen?; pregunté yo, más como pregunta retórica que otra cosa.
-Sí, que te peguen.
-¿Perdona?
-Hoy es Pfinsten y los chicos tienen la libertad de pegar a quien quieran y cuanto quieran.
-¡Sólo esto podía pasar en Alemania!
Ante dicha explicación esperé dentro de casa unos minutos hasta que el griterío desapareció, y cual fue mi sorpresa cuando al abrir la puerta me encontré con un árbol enorme con cintas de colores colgando.
-Vamos a ver, ¿no decías que me iban a pegar?
-Lo siento, eso es mañana, hoy han traído el Mayo
¿Se dan cuenta? EL MAYO ¡Igual que en mi pueblo!
Parece ser que hay ciertas tradiciones que tienen mucho en común incluso cuando provienen de países diferentes. En el pueblo de mis padres, existe el Mayo, aunque se trata simplemente del tronco que untan con grasa y en cuya punta se ata un lazo. Los chicos del pueblo compiten por ser los más rápidos en escalar el tronco y tocar el lazo, supongo que para pavonear más que nada.
Volvamos a Alemania.
Ayer domingo, era el día de los porrazos. Yo, que estaba entusiasmada con la fiesta, decidí aguatar el chaparrón y ver de qué se trataba exactamente. A las 10 de la mañana llamaron al timbre los mismos chicos del día anterior con porras hechas con cartones doblados en forma de acordeón con las que me dieron unos cuantos “toques” en el trasero y los brazos (nada doloroso). Nos desearon feliz día y acto seguido se paró en frente de nuestra puerta un carro enorme tirado por caballos con una banda dentro tocando música tradicional. Unos caballeros vestidos totalmente de blanco con fajines negros alrededor de la cintura, nos ofrecieron snaps (chupitos) y el pregonero del pueblo (subido en el carro) nos invitó a la fiesta de cerveza y salchichas montada en la plaza.
Fue algo estupendo, allí de pie rodeada de chicos y chicas vestidos de blanco con guirnaldas de flores en el pelo, con el pregonero desgañitándose ya rojo por los snaps que seguro se había bebido, la banda tocando y yo y mi chico empezando a chupitos a las 10 de la mañana.
¡Sólo esto podía pasar en Alemania!