Elucubraciones sobre el lavaplatos.

Acabo de caer en la cuenta de que paso llenando y vaciando el lavaplatos muchas horas de mi preciado tiempo. Si pongo el lavavajillas dos veces al día (en esta casa usamos muchos cacharros), a la semana suponen un total de 14 veces que multiplicado por las 52 semanas del año hacen un total de ….728 veces. Para no ser exagerados quitaremos cuatro semanas de vacaciones y otras cuatro semanas de la escasa ayuda que recibo en estos menesteres (por lo menos no plancho). En total 720 veces al año, multiplicado por una media de 10 minutos entre llenar y vaciar, suponen…7200 minutos al año (120 horas) como poco.
Creo que, en consecuencia, debería publicarse un libro titulado “El mundo del lavavajillas” o “Yo y mi lavavajillas”.
Ya me lo estoy imaginando. En el índice podrían desarrollarse los capítulos dedicados al mejor abrillantador, la variedad de pastillas detergentes, clases de sal en el mercado, cómo llenar más lavando mejor, posturas correctas para evitar dolores de espalda, cómo apañárselas para no acabar lleno de manchas, etc.
Seguro que si pregunto por ahí, todos lo que poseen un lavaplatos tienen su manera de colocar las cacerolas o si enjuagan o no los platos antes o si se aseguran o no de separar lo más posible los cubiertos.
Se pueden crear clubs y asociaciones de amigos del lavavajillas de la misma manera que ya existen los amigos del thermomix (o eso creo). Hasta podemos pensar en simposios dedicados al tema donde los encargados de lidiar con el lavaplatos puedan mejorar sus técnicas, ahorrar tiempo, y de paso, ligar en las reuniones de amigos después de la cena.
Lo mismo empieza a usarse en la consulta de los psicólogos como instrumento de acercamiento humano o canalizador de emociones dentro del nucleo familiar.
Al final resultará que el lavaplatos SÍ es imprescindible.

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