Estar solo en Japón.

Acabo de leer en el periódico (El País) que en Japón cada vez hay más cafeterías en las que los gatos andan correteando por el local para hacer algo de compañía a los clientes.
Viniendo de Japón me lo creo todo y si bien parece que todo allí es superfashion esta moda solamente delata la horrenda soledad a la que están atadas millones de personas allí.
No lo digo por decir; la mayoría de los japoneses que conozco se quejan de la soledad en la que viven. Extrañamente muchos de ellos tienen pareja aunque el amor a lo japonés es un tanto… ¿sui géneris? Muchas familias las forma el azar, algún catálogo de novios o novias, las presiones de la familia o intereses económicos. Repito que esto no me lo invento, me lo cuentan los japoneses que conozco.
Ninguno (salvo una excepción) quiere vivir allí. Todos desean quedarse en Europa pero parece que no son muy aventureros y prefieren lo malo conocido a lo bueno por conocer.
Una de mis amigas de allí tiene nada menos que 5 gatos y al paso que va terminará hablando gatuno o algo así porque a sus treintaypocos años ya es demasiado vieja (y no lo digo yo, vuelvo a repetir) para encontrar pareja y como es una persona necesitada de compañía – como todo hijo de vecino- pues cada vez que ve venir la nube negra pues otro gato que se compra.
De allí vienen todos estos robots que parecen perritos o consolas en las que tienes un animal doméstico al que cuidar virtualmente lo que me hace pensar que ya que no cuentan con el contacto humano (sean los millones que sean) pues buscan alternativas en la tecnología o en otros seres vivos más cariñosos.
Una pena, vaya.

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